El acuerdo de EE. UU. sobre el petróleo venezolano intensifica el debate sobre una posible confiscación de activos en bitcoin

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, informó que las “autoridades provisionales” de Venezuela transferirán a Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. La declaración se produjo pocos días después de las informaciones sobre la detención de Nicolás Maduro durante una operación especial de las fuerzas estadounidenses, lo que intensificó el debate sobre una posible redistribución de activos venezolanos.

Según Trump, el petróleo se venderá “a precio de mercado” y los ingresos quedarán bajo control de la administración estadounidense. Con un precio de referencia cercano a 56 dólares por barril, el volumen potencial del acuerdo se estima en hasta 2,8 mil millones de dólares, lo que apunta a un impacto financiero relevante para Washington.

La Casa Blanca tiene prevista una reunión con representantes de Exxon, Chevron y ConocoPhillips para abordar el futuro del sector petrolero venezolano. Este formato de negociaciones indica que el interés de Estados Unidos podría ir más allá de una entrega puntual, teniendo en cuenta que Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.

En el contexto del acuerdo petrolero, la atención del mercado se desplazó hacia los posibles criptoactivos del país, incluidos los supuestos fondos en bitcoin. Las estimaciones públicas difieren considerablemente: Project Brazen menciona un volumen de hasta 60 mil millones de dólares, mientras que Bitcointreasuries.net registra 240 BTC (unos 22 millones de dólares); no obstante, no existe verificación on-chain confirmada de estos datos.

La principal limitación sigue siendo el mecanismo de incautación de criptomonedas: a diferencia de las materias primas físicas, la confiscación de BTC requiere acceso a las claves privadas o la cooperación de custodios dentro de la jurisdicción estadounidense. En la práctica, dichos activos podrían haberse distribuido entre múltiples monederos y almacenado fuera de plataformas controladas por Estados Unidos, lo que complica su localización y su validación jurídica.

El contexto refuerza el interés por el tema debido al decreto de Trump de 2025 sobre la creación de una reserva estratégica de bitcoin sin costes para los contribuyentes. En esa lógica, las posibles confiscaciones podrían considerarse una de las fuentes de financiación, aunque para materializar ese escenario se necesitará una base probatoria en tribunales estadounidenses y la confirmación del origen de los activos.