El exdirector general de FTX, Sam Bankman‑Fried, sostiene que se convirtió en objetivo de una «guerra política» impulsada, según él, por el equipo del expresidente de Estados Unidos Joe Biden. Insiste en que en su contra se construyeron acusaciones artificiales y que el proceso estuvo marcado por restricciones que le impidieron defenderse plenamente.
El empresario, condenado a 25 años de prisión, afirma que la «maquinaria legal de Biden» habría actuado con el mismo guion contra distintas figuras, entre ellas Donald Trump y Ryan Salame. Asegura que se dio apariencia de solidez a los cargos sin permitir a los acusados responder y presentar pruebas.
Bankman‑Fried también recordó los intentos de los demócratas de responsabilizar a Trump tras el término de su primer mandato presidencial. En particular, afirmó que bajo Biden el Departamento de Justicia lo «silenció», y que el juez Lewis Kaplan —según su versión— limitó sus declaraciones públicas y lo envió a prisión preventiva durante el procedimiento. Subrayó además que Kaplan, de acuerdo con sus palabras, también fue juez en causas vinculadas a Trump.
Las razones de la supuesta «animadversión personal» de la anterior administración de la Casa Blanca, Bankman‑Fried las atribuye a varios factores. En primer lugar, cree que los políticos «odiaban las criptomonedas». En segundo lugar, señala su propio giro político: antes fue donante de los demócratas, pero después, asegura, se acercó a los republicanos.
Además, el empresario se define como el principal adversario del ex presidente de la SEC, Gary Gensler. Dice que viajó decenas de veces a Washington para impulsar un cambio en la cúpula del regulador. En ese contexto, sostiene que las autoridades «mintieron» al presentar el caso como si él hubiera robado miles de millones de dólares y hubiera llevado a FTX a la quiebra. Según su versión, la empresa tenía fondos y seguía siendo solvente.
También afirma que durante las audiencias los fiscales habrían impedido mencionar la solvencia de FTX e incluso «hablar de los abogados». Para reforzar la posición de la acusación, sostiene, la administración Biden habría presionado al exresponsable de la filial bahameña de FTX, Ryan Salame, mediante cargos falsos y sin permitirle aportar pruebas de inocencia.

En otra publicación, el fundador de FTX reiteró que la compañía «nunca estuvo en quiebra». Según él, los abogados tomaron el control y, cuatro horas después, presentaron una solicitud de quiebra «ficticia» para luego «saquear» la empresa y quedarse con el dinero.
La comunidad cripto, sin embargo, recibió estas explicaciones con escepticismo. Parte de los usuarios le sugirió simplemente «aguantar» y cumplir el resto de la condena. Adam Cochran, socio de Cinneamhain Ventures, pidió en los comentarios que Bankman‑Fried «se calle de una vez» y subrayó que, en su opinión, el asunto no gira en torno a licencias o tecnicismos, sino a la apropiación ilegal de miles de millones de dólares. Añadió que la falta de arrepentimiento solo empeora la imagen del exCEO.
Algunos comentaristas también apuntaron que Bankman‑Fried podría estar intentando congraciarse con Trump con la esperanza de un indulto, aunque en enero el presidente de Estados Unidos descartó ese desenlace. En Polymarket, la probabilidad de que Trump indulte a Bankman‑Fried antes de finales de 2026 se sitúa en el 11%.
Cabe recordar que a finales de octubre Bankman‑Fried ya afirmó que FTX era solvente en el momento del colapso. Según él, los activos de la empresa ascendían a 25.000 millones de dólares y sus obligaciones, a 13.000 millones.